Inconfesables actos de fascismo ordinario es una propuesta de anticonferencia en la que el dramaturgo y performer Julio Fernández Peláez nos muestra una serie no acabada de acciones atravesadas por la idea de un fascismo que ha pasado de ser latente a ser argumento firme de la realidad (que como realidad se representa a sí misma).
Acciones antipoéticas, anticómicas, antitrágicas, antiegocéntricas, antidiscursivas y decididamente ridículas que se dejan arrastrar por el espíritu de la ironía y la crítica radical hacia todo aquello que pasa a ser víctima de nuestra mirada y donde los títeres sin cabeza que gobiernan lo real-imaginario son personajes protagonistas.
"Aquello que parece casualidad, no lo es. Ya no hay plomo en las tuberías que rebaje nuestro coeficiente intelectual pero la acción de los metadatos sobre nuestras mentes también genera estupidez. Es creer en el fascismo pensar que las órdenes injustas son necesarias porque de otra forma no podríamos vivir. Es fascismo llenar el cielo de satélites y no permitir mirar las estrellas. Es fascismo el olvido de los genocidios recientes. Es fascismo el abandono de los ancianos y emitir programas en la tele en horas en los que la gente toma café en los bares. Son fascistas los tertulianos que aman a los desokupas y odian a los viajeros negros por el Mediterráneo. Es fascista mi vecina, que no para de decir lo bien que nos iría con la libertad de los ignorantes. Son fascistas los cazadores, también los que cazan por deporte en cotos privados de caza y cotos de todo tipo, y los matadores de toros y los enemigos de los ríos y de la fauna salvaje. Es fascista el ecologista con el subconsciente antropogénico. Es fascista el padre autoritario, el hijo insolente o la tía méteteentusasuntos. Son fascistas los alcaldes que promueven la destrucción del patrimonio al tiempo que dan medallas en eventos deportivos para captar votos. En realidad, son fascistas todos y cada uno de los gobernantes que antes que por la paz apuestan por el suicidio colectivo. Son fascistas los antisemitas, los judíos ortodoxos, las monjas de convento y Dios bendito, el mismo que en su nombre permite que se asesine tanto y tanto. Parece casualidad pero no lo es. El fascismo es un jodido cálculo matemático, una solución rápida al problema del caos climático y a otras muchas otras cuestiones de convivencia cotidiana o de orden público. El fascismo anula la importancia del tiempo y la brevedad histórica de los acontecimientos. El fascismo da muerte a la memoria para lanzarnos a un futuro espectral. El fascismo está hasta en la sopa y no podemos evitarlo. Está, sobre todo, en la carne que viene de los mataderos. Y te lo comes. Vaya que si te lo comes".
Ficha artística
Texto y performance: Julio Fernández Peláez
Iluminación: Antoine Forgeron
Música: Roberto García de Mesa
Colaboraciones: Eva Alfonso, Deborah Vukusic y Luna Gómez
Agradecimientos: Teatro Ensalle







