Cumplimos 15 años en la Sala Teatro Ensalle

Ningún hombre me llevará a la cumbre

  • Viernes
  • 12
  • Marzo
  • 20:00
  • Sabado
  • 13
  • Marzo
  • 20:00
  • Domingo
  • 14
  • Marzo
  • 20:00

“Ningún hombre me llevará a la cumbre “, pieza en solitario de Celeste González creada en 2019 y estrenada en el Teatro Circo de Murcia para el segundo congreso internacional de artes y diversidad que ese año versaba sobre: “Identidad, Tránsito, territorio y violencias”.

Este trabajo se va convirtiendo en un viaje a ninguna parte, en una deriva que sin perder la idea inicial del sacrificio (consagración de la primavera) exige continuas revisiones formales y nuevos materiales con la consecuente renuncia a otros mostrados en anteriores presentaciones.
Como la propia identidad, “ningún hombre me llevará a la cumbre" se cuestiona permanentemente y, “a pesar de los resultados”, sigue preguntándose en cada espacio de representación.

Nos vamos acercando ¿a dónde? ¿a quién? o ¿a qué?

Let’s go baby ¡!!

Ficha artística

Celeste González

Celeste González

Celeste, llamada anteriormente Mauricio González, fue bailarín «de-formado» en danza académica en Las Palmas, Madrid y Zaragoza. De 1980 a 1992 trabajó como intérprete en el Ballet de Zaragoza, Ballet Royal de Wallonie (Bélgica) y Ballet Nacional de España, donde interpretó papeles solistas y principales. A partir de 1993, firma sus propios trabajos lejos del lenguaje académico. En 2015 recibe el Premio de la Crítica de Cataluña en la categoría de «mejor solo de danza» por el espectáculo Wakefield Poole: visiones y revisiones.

«Oficialmente soy Celeste desde mayo de 2018, cuando el Estado español me otorga un nuevo dni con el nombre y el sexo cambiados. El Estado español no admite que una persona tenga un nombre femenino habiendo tenido uno masculino, ni una identidad femenina habiendo tenido una masculina, si antes no destruye la partida de nacimiento y crea una nueva antidata. El Estado no reconoce la disidencia de género. Por lo que ahora, según las autoridades, yo nací mujer y me bautizaron Celeste. Siendo así, ¿cómo pudo Celeste estudiar en el colegio de los Jesuitas? ¿A cuento de qué la llamaron para hacer el servicio militar? ¿Cómo pudo ser que se cambiara en el vestuario de hombres? ¿Y que fuera partenaire, ente otras, de la Plisetskaya? “Tú engañas porque parece que haces lo que no haces”, me dijo María de Ávila. ¿Habré sido siempre una impostora?».

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